lunes

Nunca más en moto

A quién no le gusta la velocidad? Sentir que eres dueño del mundo manejando con el pie a fondo del acelerador, ver cómo dejas atrás a todos los que se te cruzan en el camino y seguir rumbo a tu destino con la música a todo volumen...

Yo adoraba manejar, creo que aprendí a los 11 años, en un datsun que se desarmaba a pedacitos, pero era el que teníamos y dónde mi papá me enseño. A él no le gusta la velocidad, si sales a tiempo no tienes porque ir apurado decía por lo que nunca pude correr con él. Además qué loco le daría el carro a su hija de 11 años...

Luego conocí las motos, para lo que no necesitaba licencia y las que podía manejar a mi gusto pues eran de mis amigos y ellos si la prestaban o me llevaban a dar una vuelta sin importar la hora o lo que dijera mi papá...

Ese verano que pasé entre motos fue muy divertido, había venido de Panamá y me iba casi toda la semana completa a la casa de Erika para poder estar juntas. Ya no había colegio, eramos libres y las motos nos lo permitían aún más... Regresé a Panamá con una herida en la barbilla porque un perro se cruzo y por no chancarlo me fui contra la vereda, pero bueno era una herida divertida, ya casi ni se nota la cicatriz.

Sin embargo, ahora odio las motos... Cuando veo a algun motociclista acelerar a mi lado se me escarapela todo el cuerpo, el ruido del acelerador me estresa. Ir en un auto rápido me pone muy nerviosa, pienso en todas las posibles consecuencias y en cuánto puedo confiar en el que está manejando.

Realmente la causa no la se, yo no estube presente, no se cómo fue y la imprudencia fue el principal motivo. Sin embargo, a algo debo culpar y prefiero desquitarme con la velocidad y las motos.

Erika, mi mejor amiga, falleció por subirse a una moto. Murió por no usar casco, y se fue, porque el chico que manejaba, decidió pasarse de listo y ganarle a un carro. Pasé muchísimo tiempo culpándolo solo a él... me demoré muchos años para aceptar que el destino estaba destinado a esto y que hubiera sido con él, o con otra persona, en moto o caminando. Mi mejor amiga debía abandonarme en esa época. Tenía que irse para ser feliz y yo debo ser feliz por ella.

Un 25 de mayo, se subió a una moto destinada a otra persona. Alguien más debía acompañarlo ese día, pero se demoró... Solamente era un viaje de 15 minutos como máximo, pero fue un viaje sin retorno. En el cerro de La Molina, el piloto decidió adelantar un carro, sin importarle que la pista era de una sola vía, el carro del carril contrario los embistió y Erika salio volando y fue a parar a un extremo del cerro. Los testigos que siempre abundan dicen que rebotó en 2 carros y que gritaba en el camino, ella cayó y nunca más se levantó.
La ambulancia llegó y no había mucho que hacer, solo trataron de meter lo que pudieron en su cabeza y la llevaron a la clínica más cercana, pues aún tenía signos de vida. Él solo se rompió la pierna...

5 días después, luego de su entierro, me paré por primera vez en ese lugar, ayudaba a su mamá a buscar los lentes que Erika había perdido al caer, nunca los encontramos, solo ví las manchas de sangre siendo absorvidas por la tierra.

Hoy me cuesta pasar por el cerro, miro siempre ese lugar y trato de sacar de mi cabeza el accidente... hoy me cuesta ver una moto y más si el pasajero va sin casco. Hoy odio la velocidad...